Andrés Villablanca Sanjinés, Consultor Senior PMO en Entel con discapacidad visual “El límite lo colocas tú”


Su repentina discapacidad visual no lo ha detenido. El miembro de PMI realizó tras quedar con una ceguera parcial un Diplomado de Dirección de Proyectos en UC y el certificado IPMA, estudió metodologías Ágiles y su próximo desafío es obtener la certificación PMP.

 

Hace cerca de tres años que la vida para el ingeniero en administración de 49 años Andrés Villablanca Sanjinés, dio un violento giro. Esto porque luego que se sometiera a una operación de cataratas le sobrevino un glaucoma neovascular que causó una discapacidad visual casi completa que lo llevó a replantearse todo en su vida y donde los primeros meses estuvieron marcados por distintos procesos médicos y licencias, junto a ello una depresión ya que asegura, su vida se derribó.

Si bien el proceso de retomar sus actividades en un comienzo fue difícil, hoy el miembro de PMI está orgulloso de haber concretado distintos cursos y retomar su vida laboral en Entel, misma empresa en la que se desempeñaba antes de perder la visión. Actualmente, trabaja como Consultor Senior PMO, en la Gerencia VP CORP de la compañía de telecomunicaciones.

Uno de sus próximos desafíos es obtener la certificación PMP, un propósito que dejó pendiente tras lo ocurrido.

Dentro de los momentos más importantes vividos en estos últimos años, tras su enfermedad, está la realización del Diplomado de Dirección de Proyectos en la UC y la certificación IPMA, el estudio de metodologías ágiles en SCM Capacitaciones, además de diversos talleres y cursos ofrecidos por su empresa, más cuatro talleres en la UC.

Villablanca sostuvo que “todo el 2015 fue cirugías, inyecciones, láser”, porque lo que vivió reconoce “derribó mi vida en todo sentido. Yo me fracturé como persona, todo eso provocó un quiebre, hasta una depresión tremenda, y en medio de todo eso la decisión óptima fue entrar a una escuela de ciegos. Ese fue el mejor consejo que me dieron, me fui a refugiar a la escuela de ciegos de Santa Lucía”.

Fue en este establecimiento donde afirmó que conoció a quien ahora es su mejor amigo, su bastón guía, pero también tuvo un proceso de dos años donde a través de un programa integral que incluyó psicólogos y una especialización en computación entendió, según él mismo manifestó, que “la vida no se acaba. Fue un tropiezo médico, del que hoy me estoy sacudiendo recién”.

En noviembre de 2017 volvió a la empresa en la que trabajaba lo que coincidió con la implementación de la Ley de Inclusión, aunque indicó que en este nuevo comienzo no sabia lo que iba a ocurrir porque no estaban sus jefes anteriores, sino que todos quienes lo recibían eran nuevos. “Estaba aterrado porque no sabia qué iba a hacer, que me vieran con el bastón, la vergüenza de estar exponiendo a cada uno, decirle pucha que te pasó, el no verlo, el tratar de interactuar, fue terrible”, agregó.

Pero luego de esto comentó “me reinventé y dije, si voy a llegar acá con tres años de desfase algo tengo que aportar”.

En ese momento se acerca a la Universidad Católica con un verdadero desafío para ellos, pues fue la primera persona con discapacidad en los módulos de Diplomado en Administración de Proyectos. Con los profesores se generó una relación de camaradería que ha continuado más allá de lo académico. Luego en SCM Capacitaciones continuó sus estudios en metodologías ágiles. “Con Armando Camino (SCM) todo parte con un consultor, Rodrigo Rodríguez PMP, que conoce esta historia. Cuando llegó, no sé si se emociona, pero empatiza con lo que yo estoy haciendo. Todo parte en una reunión de trabajo donde yo aparezco, él expone, yo hago algunos comentarios con la experiencia vivida y le llamó la atención. Después, cuando me ve con un bastón lo impactó y se empezó a acercar a mi”, comentó.

El ingeniero añadió que “me dijo si me podía hacer coaching, que esto a él le seria de mucha utilidad y me invitó a hacer el curso de metodologías ágiles”. Asistió a las clases presenciales, le dieron las facilidades para hacer los ejercicios y luego de esto vino lo más importante que era la certificación.

Villablanca utiliza un software especial que le lee correos, documentos, y todo lo que necesite para desarrollar su trabajo, pero afirmó que “todas las empresas que certificaban se negaban a usar el software, y yo solo quería probar si los leía. Hasta que encontré una empresa que me apoyó y deseo dar las gracias por empatizar con mi caso, ellas fueron Javiera Fonseca de Netec e Ingrid Muñoz de Axity, quienes me brindaron todo su apoyo sin conocerme, y me “dijeron lo vamos a ayudar”, por lo que escribió a EXIN (empresa de certificación) donde le respondieron que tenían que darle la opción de dar el examen por lo que lo pagó. “Me lo mandaron en PDF y el software lo leyó. Me dieron como 25 minutos más para todo el proceso de lectura”, comentó.

Finalmente, luego de tres años viviendo estas nuevas experiencias expresó “la invitación a las personas con discapacidad visual es que está la opción. Yo ya me di la vuelta a la manzana, entonces no quiero que se la den otros. Siempre hay grietas, siempre hay una posibilidad, siempre se puede”, y añadió “siento que aún puedo dar más, que no hay límites… el limite te lo colocas tú. Lo que me ocurre con este remanente visual que tengo, es que se está apagando. Quiero estar preparado para eso y cuando salga de ese nuevo duelo, tener las herramientas en mis manos para continuar”.

Actualmente Andrés, que agradece a sus líderes Estela y Antonio por su apoyo, se siente contento con la responsabilidad de levantar el tema de la discapacidad desde su vereda laboral. La tarea de abrirle la puerta a otros, educar desde su experiencia y ayudar a transformar su empresa y su entorno, en un mundo realmente más inclusivo.